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HISTORIA: LA CUNA DE LA HUMANIDAD (4.400.000 A.C.-50.000 A.C.)
 
E
n 1911, el entomólogo alemán Kattwinkel cayó por un barranco mientras perseguía una extraña mariposa. El lugar era la garganta de Olduvai, en el Serengeti. La caída fue dura, pero el científico salvó su vida milagrosamente y levantó la vista. Sólo un científico habría apreciado que aquella pared rocosa era un extraordinario yacimiento fosilífero... Y este hecho cambió la concepción que el hombre tenía de su propio origen. Para contar la historia de Kenya hay que comenzar por el principio, por los albores de la humanidad.


    Lamarck, Darwin, Wallace, Huxley, Haeckel,... Grandes nombres de la ciencia cuyas pioneras teorías sobre la evolución de las especies y la selección natural revolucionaron la ciencia victoriana del siglo XIX, al sugerir un antepasado común para el hombre y los actuales primates, en contra de la concepción bíblica de la naturaleza humana que defendía una Creación única. Ernst Haeckel postuló la existencia de un mono-hombre, el Pithecanthropus, que habría habitado un continente hundido llamado Lemuria, cercano a la India.

    La búsqueda del "eslabón perdido" entre el hombre y el simio obsesionó al antropólogo holandés Eugène Dubois, quien aportó las primeras pruebas de la existencia del Pithecanthropus con su descubrimiento en 1893 del Hombre de Java, al que denominó Pithecanthropus erectus. El pensamiento de la época, basado en estas primigenias pruebas y en la hipótesis de Lemuria, situó el nacimiento del hombre en el continente asiático. Mientras tanto, Kattwinkel daba su famoso traspiés, pero no fue hasta 1924 que la teoría de Darwin, que situaba en Africa la "cuna de la Humanidad", comenzó a encontrar apoyo empírico. En este año, Dart y Broom descubrieron en Sudáfrica los restos fósiles de un prehomínido, el Australopithecus africanus, cuya edad se remontaba a 2 millones de años, un millón de años más antiguo que el mono-hombre de Dubois. Nuevos hallazgos comenzaron a dibujar la estirpe de este nuevo género, cuya posible ubicación en la línea antecesora del hombre moderno continuó generando controversia durante el primer tercio del siglo XX.

    En 1931, el Dr. Louis Leakey y su prometida Mary, kenyatas de origen británico, emprendieron un estudio exhaustivo del yacimiento de Olduvai que culminó, en 1959, con el descubrimiento de 400 fragmentos del cráneo de un pre-homínido, el Zinjanthropus boisei. Los restos adyacentes sugerían que el Zinjanthropus era realmente un primate evolucionado, capaz de trabajar la piedra para fabricar utensilios. En 1961, la edad del Zinjanthropus -posteriormente incluido en el género Australopithecus- fue datada en 1,75 millones de años. Fue la primera evidencia de la presencia de los prehomínidos en el oriente africano, a la que siguió otra de enorme relevancia: en 1960, los Leakey hallaron los restos del Homo habilis, un homínido evolucionado capaz de tallar hachas de piedra, cuya edad se estimó en 1,4 millones de años.

    Las décadas de los 70 y los 80 presidieron una explosión en el conocimiento paleoantropológico. Mary Leakey describió las huellas y fósiles de homínidos de 3,6 millones de años de antigüedad que habitaron la zona de Laetoli, cerca de Olduvai. Por otra parte, su hijo Richard, con la colaboración del paleontólogo kenyata Bernard Ngeneo, exploró la zona de Koobi Fora, junto al Lago Turkana, descubriendo restos de Homo habilis de 2 millones de años de antigüedad. Más al norte, Don Johanson y Tim White desenterraban en Etiopía parte del esqueleto de Lucy, una Australopithecus de 3,5 millones de años de antigüedad, que se convertía en la especie más primitiva de los australopitécidos conocida hasta entonces: el Australopithecus afarensis. Diez años más tarde, en 1984, Richard Leakey conseguía reconstruir casi por completo el esqueleto de un Homo erectus, el famoso "niño de Turkana", un homínido de 1,6 millones de años de edad, más evolucionado de acuerdo a su capacidad craneal y antes considerado un posible antepasado directo del Homo sapiens sapiens, el hombre actual. El Pithecanthropus de Dubois fue asimilado a esta misma especie.

    Al mismo tiempo que se describían nuevas especies de australopitécidos y se trataban de ordenar las piezas del rompecabezas, las investigaciones permitían dibujar un panorama aún difuso. Hasta hace sólo un millón de años, los homínidos y prehomínidos habitaban exclusivamente en el sur y este de Africa. Las dos principales ramas evolutivamente divergentes, Australopithecus y Homo, coexistieron hasta que el Australopithecus, más primitivo, se extinguió. Hace un millón de años, algunos grupos pioneros de Homo erectus emigraron hacia Asia. Durante estas primeras migraciones, un Homo erectus llegó junto a la ribera del río Solo, en Java, para morir y ser descubierto un millón de años después por un científico curioso y emprendedor llamado Eugène Dubois.

    Cronología de la evolución humana Los descubrimientos más recientes no cesan de sorprendernos, empujando los orígenes de los prehomínidos aún más hacia atrás en la historia. En 1994, Tim White y Berhane Asfaw dataron en 4,4 millones de años los restos de una nueva especie hallada en Etiopía, el Ardipithecus ramidus. Un año más tarde, en el yacimiento de Turkana, Meave Leakey, esposa de Richard, en colaboración con Alan Walker, descubrió el que es hasta hora el más antiguo de los australopitécidos, A. anamensis, un venerable anciano de 4,2 millones de años de edad considerado el antecesor del A. afarensis. En noviembre del año 2000, un equipo franco-kenyata liderado por los doctores Martin Pickford y Brigitte Senut encontró en Kapsomin, en las colinas Tugen del distrito de Baringo, restos de homínidos fosilizados en estratos de roca de 6 millones de años de antigüedad.

    En cuanto a los orígenes del hombre moderno, Homo sapiens, nuestros primeros padres vieron la luz hace unos 100.000-140.000 años y poblaron el planeta entero. Sin embargo, la biografía de nuestros antecesores aún no está completa, ni mucho menos. Aunque el estudio de los restos fósiles cuenta hoy con el inestimable aporte de la biología molecular, el libro de la historia de la Humanidad tiene aún muchas páginas en blanco. El H. erectus, extinguido hace 100.000 años y antes considerado un antepasado directo del hombre, parece ser en realidad una vía muerta de una especie anterior, H. ergaster, quien sí fue nuestro antecesor. De esta especie derivaron probablemente los europeos H. heidelbergensis u "Hombre de Heidelberg", extinguido hace unos 200.000 años, y su sucesor el H. neanderthalensis u "Hombre de Neanderthal", que coexistió con el H. sapiens y desapareció hace tan sólo 30.000 años. Pero la línea evolutiva entre nuestro abuelo H. ergaster y nosotros es materia de discusión entre los defensores de dos teorías opuestas.

    Modelos del origen del Homo sapiens Las primeras evidencias genéticas apoyaron la hipótesis llamada "Out of Africa" también llamada de la "Eva mitocondrial", del "Arca de Noé" o del "Jardín del Edén", según la cual todos los hombres modernos tenemos nuestro origen en una pequeña población africana que vivió hace 200.000 años, y de la cual un sólo linaje materno sobrevivió. Así, todos seríamos descendientes de una única madre común, cuya herencia guardamos en nuestro ADN mitocondrial, las secuencias genéticas contenidas en la parte de la célula que suministra energía, que sólo la madre transmite a toda su descendencia. La emigración de los descendientes de esta "Eva" primigenia hacia Asia y Europa habría resultado en la extinción de los grupos locales preexistentes, entre ellos las últimas poblaciones asiáticas de H. erectus y el H. neanderthalensis europeo, sucesor del H. heidelbergensis.

    Frente a la teoría de la Eva mitocondrial, los valiosísimos descubrimientos en Atapuerca (España) han prestado apoyo al modelo rival, llamado "multirregional" o "de candelabro". Según esta hipótesis, las poblaciones migratorias de H. erectus en Asia y Europa desarrollaron características anatómicas diferenciadas que persistieron en el tiempo, lo que se conoce como "continuidad regional" y que habría dado origen a las diferencias raciales entre distintas poblaciones humanas. A lo largo de miles de años, estos grupos separados evolucionaron en paralelo hacia una misma forma que hoy llamamos H. sapiens. La contribución de los hallazgos de Atapuerca a este modelo se basa en lo siguiente: en esta sierra de la provincia de Burgos, el equipo de investigación español encontró fósiles atribuidos a una nueva especie, H. antecessor, cuyos restos más antiguos datan los primeros Homo europeos hace 780.000 años. Si, como se postula, H. antecessor fue antepasado directo de todas las especies europeas de Homo, nosotros incluidos, entonces estos primeros pobladores no se habrían extinguido tras ser invadidos posteriormente por H. sapiens procedentes de Africa, como afirmaría la teoría de la "Eva mitocondrial", sino que habrían evolucionado de forma independiente hacia nuestra especie mientras los grupos asiáticos y africanos hacían lo propio.

    En este apasionante contexto, y pese a que cada vez estamos más cerca de conocer a nuestros primeros padres, los paleoantropólogos no han conseguido todavía determinar qué especies pueden considerarse antepasados comunes del hombre y de los primates actuales. Aún hoy, este hombre-mono primigenio continúa durmiendo en algún lugar bajo el suelo de Africa, un continente en el que queda mucho por explorar. Arriba
     

 
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